La objetividad de la ciencia es criticada históricamente por filósofos y epistemólogos; de vez en cuando, también lo hacen sus mejores exponentes en el momento en el que se dan cuenta de sus limitaciones. Las mentes más brillantes en estadística se percataron de que uno de los límites de su campo de estudio no es intrínseco a sus técnicas, sino a la aplicación política que se hace de ellas. Nos afirman lo siguiente: “En estadística, se puede engañar sin decir mentiras”

Este epígrafe podría resumir de buena manera lo que ha sucedido en los primeros días de este año. Confusión generalizada, caos mediático de un gobierno que intenta contener los daños, pánico colectivo y reclamos de poblaciones tradicionalmente apáticas a la discusión; todo lo anterior detonado por el incremento que experimentaron las gasolinas.

Esta coyuntura es aprovechada por algunos actores para finalidades distintas (en algunos casos contradictorias) e intenta ser controlada por otros. Todos, desde sus posiciones ideológicas y políticas propias, intentan jalar agua para su molino. La tendencia observada es hacia una “argumentación desde los números” que busca mostrar sólo una porción de la realidad, o descontextualizar los análisis, para “respaldar” lo que yo “creo” o “quiero que crean”, no lo que es. Aquí algunos ejemplos:

A) El mensaje ofrecido por Enrique Peña Nieto el día de ayer (ver vídeo) fue un esfuerzo para comunicar a una población descontenta que el incremento no se debe a mayores impuestos por parte del Gobierno Federal. En el minuto 1:20 del mensaje, el presidente afirma: “En pocas palabras, se trata de un aumento que viene del exterior, el gobierno no recibirá ni un centavo más de impuestos por este incremento”. VERDAD, A MEDIAS: Aunque los impuestos a las gasolinas no fueron incrementados porcentualmente para el año 2017, el incremento tampoco responde únicamente a la variación del crudo a precios internacionales. Otra causa, más importante aún, es la alta dependencia energética de nuestro país a las importaciones y el alto tipo de cambio peso-dólar. Cuando el presidente afirma que el gobierno no recibirá un centavo del incremento, se le olvida mencionar que sí lo recibirán principalmente las grandes petroleras.

B) Otros actores han aprovechado la situación para hacer énfasis en los (según ellos) altos niveles de impuestos que paga la gasolina. Esta posición principalmente tomada por actores del PAN, afirma que entre el IVA, el IEPS y el ISR suman más de 40% del precio final por cada litro y que es necesaria la reducción de estos impuestos por el bien de todos. PORCENTAJE CORRECTO, DESCONTEXTUALIZADO: La gran mayoría de los productos pagan IVA y los comercios ISR. Si la venta de gasolina no tuviera IEPS, se le cobrarían los mismos conceptos de impuestos que a la venta de un jugo de naranja en una tiendita de la esquina. El cobro del IEPS tiene su fundamento en tres argumentos principales: (1) los impuestos a las gasolinas son los más progresivos si son implementados diferenciadamente en su papel de costos de producción y en su consumo final por automóviles privados (ver estudio de Sterner y Lozada), esto significa que este tipo de impuestos son muy efectivos para la reducción de la desigualdad económica si se focalizan a los viajes particulares y no a los viajes de transporte de mercancías; (2) el impuesto es una forma de retribuir a la infraestructura de distribución que Pemex tiene para beneficio de las concesionarias; (3) es un impuesto verde, que aunque tiene resultados modestos por la baja elasticidad de los combustibles, ha incentivado la transición energética en diversos países (sobre esto escriben Vega y Ricárdez).

C) Aquellos que afirman que el incremento a las gasolinas es perjudicial para todos como una crítica al gobierno, a la Reforma Energética y a las fuerzas políticas que la apoyaron a través del Pacto por México, argumentan que un incremento de 20% como el experimentado se traducirá en inflación de similares proporciones. VERDAD, A MEDIAS: Se olvidan que si bien es cierto que las gasolinas se encuentran en los costos de producción de casi todos los productos, el porcentaje que representan del costo total no se asoma al 20%. El efecto será diferenciado dependiendo del producto analizado, pero no se puede incrementar el precio tan fácilmente porque caerá la cantidad demandada del bien. Con los altos márgenes de ganancia de las empresas multinacionales en México (altísimos, comparados internacionalmente), se preferirá, en la mayoría de los casos, que ese incremento de los costos se compense con una reducción mínima de la ganancia. No podemos esperar inflaciones en la misma proporción al aumento, ni cercanas a él.

La crítica sería más efectiva en otros puntos de presión en donde de igual manera el Gobierno Federal ha fracasado: el abandono de la capacidad petrolera y de refinación de México para dar paso a una dependencia energética que evidentemente hace que el precio del petróleo escape de nuestras manos, la baja inversión en transición energética, el transporte público caótico y la política urbana fallida. El incremento en los precios de las gasolinas no es malo per se… Lo es en el momento en el que la mayor parte de dicho incremento va a rentas oligopólicas de las petroleras en un país con tanta pobreza y desigualdad donde hacen falta mecanismos de protección social para contener la inflación derivada y dar alternativas, ecológicas y de transporte, al uso de energías fósiles.

1 Comment

  • Omar López

    Muy buen artículo.

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