Se han puesto de moda los temas relativos a las ciudades sustentables; recuperar lo verde y los espacios comunes en las metrópolis toman relevancia. En la Ciudad de México es normal encontrarse con las quejas del smog, el hacinamiento, el estrés, la falta de áreas con un poco de flora para desintoxicar los pulmones, entre otras molestias. Así, se empieza a pensar que nuestra urbe debería regresar a las calles con adoquines que pueden filtrar el agua al subsuelo, la arquitectura más amigable, la peatonalización de las calles y los medios de transporte que exigen menos energía. En esto no hay gran sorpresa, pero si sacamos la cabeza de la caja capitalina es interesante observar lo que se está haciendo con las potenciales ciudades fuera de las metrópolis ¿Las ciudades emergentes quieren crecer conservando lo colonial y sus bajos insumos de energía o justo quieren deshacerse de ese “lastre” atrasado para convertirse en lo que los metropolitanos llegamos a odiar?

Hace poco tuve la oportunidad de regresar a San Juan del Río en Querétaro, un lugar que siempre recuerdo con la nostalgia de mis vacaciones de la infancia, sin embargo, la comparación con la realidad es cada vez más decepcionante. El mar de autos fluye con esfuerzos en los estrechos arroyos vehiculares, el asfalto cubre de negro los antiguos empedrados, hay nuevos cafés de cadena que tienen filas de espera en las cercanías de la plaza central llenos clientes felices bebiendo en sus vasos de cartón mientras los locales tradicionales se ven en aprietos para conseguir consumidores, así, los habitantes esperan emocionados la apertura del nuevo centro comercial que ahora sí les dará el estatus deseado de “ciudad”. Con un crecimiento poblacional de más del 36% en los últimos 20 años, su deseo de convertirse en urbe parece hacerse realidad con el concepto de ciudad gris, estresada, simétrica y contaminada.

Habría que pensar si en realidad una ciudad como la nuestra es un modelo a seguir en todas sus dimensiones y si lo que consideramos como pueblo es el ejemplo de rezago y pobreza. Qué hay que rescatar de uno y qué del otro, qué ventajas hay en el crecimiento poblacional y de riqueza con todos los problemas que involucra, a dónde se pretende que se dirijan las ciudades, esto es un tema de proyectos regionales pero también de nación. Mientras el crecimiento económico siga siendo el sinónimo de desarrollo y el imaginario de bienestar lo represente el hombre respetable que llega a las reuniones en su carro sport (como dice la canción de Los Hitters de 1965), las ciudades mexicanas crecerán grises y eso sí que es atrasado.

La modernidad ya no puede ser vista con edificios, automóviles y un consumo exagerado; si bien esta visión es aceptada, a regañadientes, en las grandes urbes, no se ve que haya consenso en ello para dirigir la evolución del país. En un mundo sumergido en la insostenibilidad y el derribamiento de fronteras, el aspecto local toma relevancia para combatir las enormes contradicciones de los polos estructuradores de lo que Lipovetzky llama la cultura-mundo: el hipercapitalismo, la hipertecnificación, el hiperindividualismo y el hiperconsumo, tendencias sociales generales que nos dejan en la incertidumbre y frustración.

Es en el ámbito nuclear que el crecimiento económico se puede hacer de manera responsable o dejándose caer en las manos de las cadenas y grandes empresas que perturban tanto derechos laborales como los recursos de los pueblos, desde lo local se hace comunidad y se protegen los ideales construidos socialmente, esto da otra dimensión a la confianza, la calidad de vida y la identificación con el territorio en el que se vive. Si bien está lejos de ser la solución a todos los problemas, es un tema importantísimo a tratar en este México anquilosado en el centro y determinado a que las cosas se solucionan en lo macro.

Los grandes ideales erróneos de “desarrollo” son los que pegan en las ciudades emergentes teniendo como consecuencia el desorden, imitando lo malo como reflejo de las peores contradicciones de la actualidad. Reinventar y fortalecer los Institutos Municipales de Planeación, otorgar más autonomía a las entidades y municipios, así como repensar el federalismo en el que estamos, son condiciones básicas para plantear correctamente los objetivos a alcanzar en la marcha de las localidades y estas son decisiones que se hacen en el plano nacional. Un proyecto nacional puede involucrar el énfasis en las escalas menores, tal vez desde ahí se puede empezar a cambiar la idea de ciudad gris y aburrida para transformase en una opción de bienestar sustentable y llena de colores.

1 Comment

  • Ivan Villanueva

    Sobrepoblación, contaminación, explotación, sobrevivencia… son algunos factores que forman el carácter de las personas que habitan una urbe. Los mismos, que son un objetivo de ataque para desarrollar proyectos, sin importar la escala.

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